El Tribunal Supremo, en sendas sentencias dictadas el pasado 4 de marzo de 2019, ponente Fco. Javier Orduña, analiza la aplicación del control de transparencia en relación a la cláusula suelo inserta en un préstamo hipotecario, y en concreto, cuando la información se ha comunicado a los futuros contratantes a través de un correo electrónico.

     

    En ambos casos se trataba de la misma entidad financiera, que, con anterioridad a la suscripción de la escritura de préstamo con garantía hipotecaria, envió a los respectivos clientes unos correos electrónicos de idéntico contenido en el que se les informaba de los términos de la operación. Dentro del contenido de dichos correos, se contemplaba un tipo de interés mínimo del 2,25%.

     

    Dicha referencia venía insertada entre las demás condiciones del contrato sin resalte de ninguna clase.

     

    En los dos asuntos el juzgado de primera instancia dio la razón a los consumidores, al entenderse que la entidad financiera no había cumplido con sus especiales deberes de información acerca de la inserción de la cláusula y de las consecuencias económicas y jurídicas que comportaba su aplicación.

     

    La Audiencia Provincial de Barcelona estimó los recursos del banco, pues entendió que los correos electrónicos enviados previamente a la firma del contrato sintetizaban los elementos fundamentales, y en apenas dos folios destacaban los aspectos básicos sobre el capital prestado, amortización del préstamo, interés inicial, e interés variable con mención expresa a un interés mínimo (cláusula suelo) aplicable en todo caso.

     

    A juicio de la Audiencia las referencias eran claras y precisas, suficiente para que los prestatarios fueran debidamente informados sobre la cláusula en cuestión.

     

    Pero el TS no comparte los razonamientos de la AP de Barcelona y estima el recurso interpuesto por los consumidores.

     

    Hace referencia al significado del deber de transparencia, lo que comporta según la jurisprudencia europea, que antes de la celebración del contrato el cliente disponga de toda la información comprensible acerca de las condiciones contratadas y las consecuencias de estampar su firma. Y este conocimiento por el cliente debe ser sencillo, tanto sobre la carga económica que le va a suponer el préstamo como la definición de su posición jurídica y los riesgos que comporta la suscripción del contrato.

     

    La información precontractual según indica la Sala, permite comparar ofertas y adoptar una decisión en consecuencia, y uno de los datos que debe aportar claramente esa información previa es la existencia de un interés mínimo o cláusula suelo y su incidencia en el precio del contrato, dando un trato destacado a dichos datos.

     

    En el caso concreto, examinados los correos electrónicos, se evidencia que el banco dio un tratamiento secundario a la cláusula suelo del préstamo ya que su existencia quedó referenciada a un simple inciso dentro de extensas menciones y datos sobre condiciones generales. Esto dificultaba la comprensión efectiva por parte de los consumidores, y sobre todo de que lo contratado no era un contrato de préstamo a interés variable, sino que realmente lo era a interés fijo, solo variable al alza.

     

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