Desde el año 2000 se puede inscribir a los bebés recién nacidos en España con el apellido de la madre en primer lugar si es lo que ambos padres habían decidido, pero en caso de no solicitarlo expresamente o de no haber acuerdo, tenía preferencia el apellido del padre.

    Sin embargo, a partir del proximo 30 de junio en España el apellido paterno dejará de prevalecer por defecto sobre el de la madre. Cuando los progenitores inscriban al recién nacido en el Registro Civil deberán ponerse de acuerdo en el orden de los apellidos. Si no hay consenso o no constan los apellidos en la solicitud, el encargado del Registro Civil decidirá el orden «atendiendo al interés del menor».

    En cuanto al interés del menor «en la práctica dependerá de factores como evitar malsonancias, el carácter común o no del apellido o, finalmente, se elegirá por sorteo. El criterio alfabético tampoco se descarta», explican fuentes del Ministerio de Justicia. Lo que está por ver es si el «interés» del niño no desemboca en una repetición de esta tradición asentada en España.

    «Se entiende que no implicará gran diferencia en cuanto a la carga de trabajo ni provocará dilaciones pues es de suponer la existencia de acuerdo entre los progenitores en la mayoría de los casos», informan fuentes de la Dirección General de los Registros y del Notariado del Ministerio de Justicia.

    Las inscripciones de los hijos con el apellido de la madre en primer lugar se han doblado en los últimos siete años, según datos del Ministerio de Justicia. En 2016 hubo 2.953, la cifra más alta de la que se tienen datos, mientras que en 2010 fueron 1.547. Aunque crecen a ritmo lento. Los datos de INE cifran en 420.000 los nacimientos en 2015, por lo el número de personas que se decantan por esta opción aún es mínimo en España.